El dinero es una herramienta artificial para facilitar el intercambio de bienes y servicios. El problema de las “crisis” es que no se mueve el dinero, y se pierden empleos. Eso no significa que la gente sin trabajo no tenga nada que ofrecer a la sociedad, sino que no hay dinero para pagarle sus servicios.

En nuestra era, Internet nos facilita la tarea de conseguir bienes y servicios creando y usando nuestra propia moneda, y ofreciendo nuestro trabajo, nuestras habilidades, nuestra compañía, y cualquier objeto que ya no necesitemos. En Málaga contamos con una moneda social llamada común. En España y el resto del mundo están funcionando cada vez más sistemas de monedas complementarias.

 

¿Qué es un sistema de intercambio?

Un sistema de intercambio puede incluir sistemas como el Trueque, el Banco del Tiempo (BdT), o Moneda Complementaria. En todos se trata del intercambio de bienes o servicios. En un BdT la moneda virtual de intercambio es el tiempo medido en horas. Una persona ofrece un servicio, recibiendo una hora de crédito o más, según el tiempo dedicado. Esta persona puede gastar el crédito acumulado en recibir servicios de otra persona. Los BdT suelen estar involucrados en trabajos sociales y dentro de una cierta comunidad, reforzando los enlaces entre la gente. El trueque es distinto: se hace un intercambio directamente entre las personas. Un bien por otro. Estos dos sistemas funcionan muy bien y ya hay muchos en todo el mundo. Sin embargo el sistema de Monedas Complementarias (LETS) es más flexible ya que no se restringe al intercambio de servicios.

¿Cómo funciona?

Todas las transacciones pasan por un sistema informático que alberga las cuentas de cada usuario. Es transparente de manera que todos los miembros pueden ver las cuentas y transacciones de los demás. El Común se valora a través del tiempo de trabajo, de forma que una hora de trabajo (independientemente de su naturaleza) equivalga a 10 comunes. También se suele hacer una correspondencia con el euro, para facilitar la valoración de los objetos. Pero los criterios que usamos no son los que impone el mercado, sino la justicia, la ética y la solidaridad.

Pero al final estamos hablando del dinero, ¿no? Sí, pero este dinero (moneda complementaria) está creada por la comunidad según sus necesidades , y entonces nunca es escasa como en el caso de las monedas convencionales. Se queda dentro de la comunidad y está basada en valores reales, no especulativos, sin intereses. Cuando una persona hace cualquier intercambio está ayudando a la comunidad en vez de siempre buscar lo más barato y pisar a los demás para salir ganando. Lo bonito del sistema reside en que siempre el balance está a cero. Siempre habrá gente con crédito y con débito.

Al empezar en el sistema, estamos a cero. Por ejemplo, yo hago un trabajo por ti y me pagas 10 comunes, entonces yo tengo +10 y tu -10. Hay que cambiar el chip de pensar que es negativo o malo tener débito. En este sistema el débito (deudas) significa que has contribuido a la comunidad, y estás comprometido a participar en el futuro. Para dar una orientación solemos decir que una hora de trabajo son unos 10 comunes, pero es flexible, por supuesto.

¿Quién puede participar?

Puede participar cualquier persona dispuesta a colaborar con la comunidad: si sabes hacer pasteles puedes intercambiarlos. Igualmente puedes colaborar si sabes pintar una casa, instalar luces, enseñar matemáticas, atender una tienda, cuidar niños, ancianos o un jardín… También puede que quieras dar una segunda oportunidad a un ordenador, electrodoméstico o mueble en desuso, o dar salida a productos de tu huerto. Podría ocurrir que algunas personas acumularan mucho débito, pero es bastante inusual porque los participantes suelen ser personas solidarias.

Mi Experiencia en Málaga Común

Antes de empezar tengo que aclarar que no tengo muchos conocimientos sobre economía, ni
sobre otras monedas sociales. Sólo tengo una decepción muy grande por el sistema en el que
vivimos, y buscando no estar tan dentro de él, me encontré con esta iniciativa, y a partir de ahí
puedo expresar mi experiencia.

Primero me registré en la página, es sencillo y algo que se suele hacer cuando encuentras una
web en Internet que te interesa, con la intención de estar más en contacto con el tema, aunque
después nunca más vuelvas a entrar en ella.

En este caso estuve un año sin utilizarla, pero fue por varios motivos, que se resumen
en el “miedo a lo desconocido”…. No conozco a nadie…, ¿Cómo voy a usar la página si no
tengo comunes? Podría ir a alguna asamblea, pero seguro que hablan de muchas cosas que
no entenderé, me sentiré fuera de onda….. y un largo etc.

El caso que con esta web no me registré y me olvidé, sino que el gusanillo de participar en
una iniciativa así no dejaba de hacerme cosquillas…

Hasta que un día me armé de valor (también le pedí a mi hermano que me acompañara), y
nos fuimos a una asamblea, me presenté y pude hacer algunas preguntas que me ayudaron a
entender mejor el sentido de esta comunidad.

Recuerdo que hubo alguien que me dijo: “No te preocupes por usar comunes que no tienes
aún, Málaga Común es un sistema equilibrado, eso quiere decir que siempre que alguien
esté en “negativo” es porque otro está en “positivo”.

Otra de las personas asistentes ese día a la asamblea, me comentó que tenemos que
desaprender lo que la sociedad nos ha enseñado, ya que en ella es necesario que exista
población empobrecida para que otras estén en posesión de riqueza, y para ello crean el paro,
la crisis y un sin fin de situaciones injustas e innecesarias… En Málaga Común todos somos personas
que podemos producir y consumir, sin necesidad de almacenar comunes (ya que
estando en negativo también puedes hacer uso de la moneda).

A partir de ese día, empecé a participar poco a poco, conociendo a las personas y
aprendiendo, es lo más bonito… Una vez te sumerges dentro de una moneda social, e
interiorizas todo lo que transmite te das cuenta del engaño en el que vivimos en la
sociedad actual, y te enseña a ver el lado bueno de las personas y de la vida en comunidad,
a tomar decisiones para el bien de todos, a tener conciencia medioambiental, a trabajar en
equipo y a disfrutar de valores reales como la solidaridad, ecología, altruismo, responsabilidad,
confianza, respeto…

Esther Quintero.